Entretenimiento artificial (2)
ESCENA I: El brasero
(Cocina de una casa de pueblo, finales de otoño. La luz es cálida, de atardecer. Hay un brasero debajo de la mesa camilla. JULIÁN (65 años) está sentado pelando una manzana con una navaja, con parsimonia. CANDELARIA (CG, 62 años) está remendando un calcetín grueso o doblando ropa limpia. Hay un silencio cómodo, de años de confianza.)
JULIÁN: (Ofreciendo un gajo de manzana en la punta de la navaja) Toma, Cande. Esta ha salido dulce. De las de la huerta de arriba.
CANDELARIA: (Acepta el trozo y sonríe) Luego te haré un poco de compota para la cena, que te asienta mejor el cuerpo antes de dormir.
JULIÁN: (Se asoma por la ventana discretamente) El hijo de la Tomasa ha pasado tres veces por delante de la puerta en lo que va de tarde. No lleva recado, solo estira el cuello como un pavo.
CANDELARIA: (Sin darle importancia) Que mire. Si tiene el cuello largo, que lo aproveche. A esa gente le pica que esta casa no huela a muerto. Quería que estuviéramos los dos de luto eterno, cada uno en una esquina, pasando frío por respeto a los que ya no están.
JULIÁN: Tu hijo Antonio pasó ayer por el taller. Ni me miró. Le dije "buenos días, sobrino" y presionó el paso como si le persiguiera el demonio. Le pesa la lengua de la gente, Candelaria.
CANDELARIA: (Suspira, dejando la costura un momento) A Antonio le pesa todo lo que no sea dinero o prestigio. No entiende que a nuestra edad, Julián, el único pecado es la soledad. Me pregunta que "qué hacemos aquí metidos". Y yo le digo: "Vivir, Antonio. Simplemente vivir". Pero él solo ve sombras donde hay compañía.
JULIÁN: (Bromeando suavemente) A lo mejor es que te tengo muy consentida.
CANDELARIA: (Ríe levemente) A lo mejor. Pero mira, las sábanas huelen a limpio y hay lumbre. Que digan lo que quieran en la sacristía. Mientras no nos falte el respeto entre nosotros... (Se queda pensativa mirando el brasero). A veces me da escalofrío el silencio de la calle, Julián. Como si estuvieran todos esperando a que cometamos un error.
JULIÁN: (Pone su mano arrugada sobre la de ella) Que esperen sentados. Mañana es día de mercado. Iremos juntos, a paso lento. Que veamos que no nos esconderemos.
CANDELARIA: (Asiente, reconfortada) Sí. Vamos juntos. Anda, pelame otro trozo de esa manzana.
(Se quedan los dos en silencio, compartiendo la fruta mientras la luz del sol termina de caer. Es una estampa de paz absoluta, ignorantes de que la denuncia ya ha sido entregada a la Junta.)
OSCURIDAD.
Hasta aquí. ¡Qué divertido es esto! Tú planificas la historia y la IA te la escribe. Estoy pensando en añadir alguna escena más. Tal vez una con el hijo de Candelaria, que lo humanice un poco, pero habrá que afinar con la IA. Se admiten sugerencias.
* La fotografía es el cuadro de Julio Romero de Torres, La Chiquita Piconera .
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