Sapere aude*
Por Alejandro Bekes
Horacio afirma, en la primera de sus Epístolas, que no está dispuesto a jurar por la palabra de maestro ninguno y que se refugia, como huésped, adonde lo arrastra la tempestad:
Nullius addictus iurare in verba magistri
quo me cumque rapit tempestas deferor hospes.**
Renunciar al maestro, a la seguridad del dogma: se diría que es la actitud interrogativa, filosófica, de Sócrates, pero propuesta a partir de una angustia de fondo, y no de la serenidad de un sabio al que no inquieta la inminencia de la muerte. No en vano el poeta junta en la misma frase su rechazo a jurar y la tempestad. Si no tengo sobre mí el techo de ninguna escuela, la palabra de ningún maestro, estoy solo, librado a mis dudas, a mi falible inteligencia. No podré prescindir, tampoco, de buscar asilo en alguna de esas escuelas, aun sin jurar por ninguna. Addictus es en latín ‘esclavo por deudas’; el término viene de addicere, que es en sentido literal ‘adjudicar’. Los dos términos, addictus y iurare, provienen del ámbito jurídico. Quien jura sobre la palabra del maestro, se declara addictus, esclavo. Quien no lo hace, queda librado a sí mismo: es libre, no tiene amo, está expuesto.
Horacio no sabe, y no sólo por principio filosófico: de veras no sabe. No sabe qué hay más allá de la muerte, no sabe si hay algo o no hay nada. No sabe si los dioses cuidan de nosotros, como asegura Sócrates en las líneas finales de la Apología, o si todo es azar. Como antídoto, intenta adueñarse de su destino, procura que la realidad esté sometida al hombre, y no el hombre a ella (Epist. I.II.19):
Et mihi res, non me rebus subiungere conor.***
El hombre es perfectible: puede hacerse, rehacerse a sí mismo. El viejo proverbio latino: Suae quisque fortunae faber est, ‘cada uno es el hacedor de su propia suerte’, previene contra el resentimiento, que atribuye siempre a otros, de officio, la causa de nuestra desdicha. Si tengo un enemigo insidioso, ese soy yo. En la epístola I.II, dedicada al joven Máximo Lolio, Horacio aborda de lleno el asunto. Su reflexión surge de una relectura de Homero. Homero enseña mejor que los filósofos. De la Ilíada emerge el cruel resultado de la insensatez humana; de la Odisea, la sapiencia del héroe, que consigue no hundirse en las olas de la adversidad. Horacio, siguiendo la prudente tradición satírica, no se identifica con el héroe; él, como la mayoría, es número, o sea, del montón; somos, dice, los pretendientes de Penélope, que sólo piensan en su estómago, o los feacios, que se la pasan de siesta en siesta… Esta imagen de dejadez provoca la repulsa del espíritu, que se recobra y estalla:
A degollar a un hombre se levantan los bandidos de noche:
a cuidar de ti mismo, ¿no vas a despertarte?
Si deliramos, si somos esclavos de goces que traen hartazgo, después la vida nos pasa factura. El pasaje es memorable:
Y por qué,
si algo te hiere el ojo te das prisa a quitarlo, y si algo
te roe el alma lo difieres para el año siguiente?
Medio hecho está lo que se inicia: atrévete a ser sabio;
comienza. Quien posterga la hora de vivir rectamente,
como el rústico espera a que desagüe el río: pero éste
se desliza y se deslizará turbulento por siempre.
Horacio dialoga, acaso, con aquella famosa declaración socrática, de que el más sabio de los hombres es quien admite su ignorancia. Horacio dice: sapere aude, ‘atrévete a saber’ o ‘atrévete a ser sabio’. Sapere es ‘tener buen juicio’, ‘ser sensato’, ‘ser sabio’. Lo que cuenta es no entregarse a la insensatez, que tiene siempre mejor prensa que su contraria. Ya no se trata sólo de disfrutar el día que huye, sino de aprovecharlo para hacernos mejores. Siempre habrá un pretexto para dejarlo pasar: el río correrá siempre, siempre estará allí el obstáculo…
Yo leo estos versos y pienso, sin poder evitarlo: ¡cómo me conocía Horacio!
*Artículo publicado en El Trujamán. Revista diaria de traducción. Centro Virtual Cervantes
** "No estoy obligado a jurar por las palabras de maestro alguno; a cualquier parte donde el tiempo me arrastra, allí me quedo como invitado".
*** "Intento someter las cosas a mí, y no a mí mismo a las cosas".