miércoles, 11 de febrero de 2026

'Sapere aude: incipe'... (¡pero ya!, y deja de ser 'addictus')



Lunes, 29 de mayo de 2017

Sapere aude*

Por Alejandro Bekes

Horacio afirma, en la primera de sus Epístolas, que no está dispuesto a jurar por la palabra de maestro ninguno y que se refugia, como huésped, adonde lo arrastra la tempestad:

Nullius addictus iurare in verba magistri
quo me cumque rapit tempestas deferor hospes.**

Renunciar al maestro, a la seguridad del dogma: se diría que es la actitud interrogativa, filosófica, de Sócrates, pero propuesta a partir de una angustia de fondo, y no de la serenidad de un sabio al que no inquieta la inminencia de la muerte. No en vano el poeta junta en la misma frase su rechazo a jurar y la tempestad. Si no tengo sobre mí el techo de ninguna escuela, la palabra de ningún maestro, estoy solo, librado a mis dudas, a mi falible inteligencia. No podré prescindir, tampoco, de buscar asilo en alguna de esas escuelas, aun sin jurar por ninguna. Addictus es en latín ‘esclavo por deudas’; el término viene de addicere, que es en sentido literal ‘adjudicar’. Los dos términos, addictus iurare, provienen del ámbito jurídico. Quien jura sobre la palabra del maestro, se declara addictus, esclavo. Quien no lo hace, queda librado a sí mismo: es libre, no tiene amo, está expuesto.

Horacio no sabe, y no sólo por principio filosófico: de veras no sabe. No sabe qué hay más allá de la muerte, no sabe si hay algo o no hay nada. No sabe si los dioses cuidan de nosotros, como asegura Sócrates en las líneas finales de la Apología, o si todo es azar. Como antídoto, intenta adueñarse de su destino, procura que la realidad esté sometida al hombre, y no el hombre a ella (Epist. I.II.19):

Et mihi res, non me rebus subiungere conor.***

El hombre es perfectible: puede hacerse, rehacerse a sí mismo. El viejo proverbio latino: Suae quisque fortunae faber est, ‘cada uno es el hacedor de su propia suerte’, previene contra el resentimiento, que atribuye siempre a otros, de officio, la causa de nuestra desdicha. Si tengo un enemigo insidioso, ese soy yo. En la epístola I.II, dedicada al joven Máximo Lolio, Horacio aborda de lleno el asunto. Su reflexión surge de una relectura de Homero. Homero enseña mejor que los filósofos. De la Ilíada emerge el cruel resultado de la insensatez humana; de la Odisea, la sapiencia del héroe, que consigue no hundirse en las olas de la adversidad. Horacio, siguiendo la prudente tradición satírica, no se identifica con el héroe; él, como la mayoría, es número, o sea, del montón; somos, dice, los pretendientes de Penélope, que sólo piensan en su estómago, o los feacios, que se la pasan de siesta en siesta… Esta imagen de dejadez provoca la repulsa del espíritu, que se recobra y estalla:

A degollar a un hombre se levantan los bandidos de noche:
a cuidar de ti mismo, ¿no vas a despertarte?

Si deliramos, si somos esclavos de goces que traen hartazgo, después la vida nos pasa factura. El pasaje es memorable:

                                         Y por qué,
si algo te hiere el ojo te das prisa a quitarlo, y si algo
te roe el alma lo difieres para el año siguiente?
Medio hecho está lo que se inicia: atrévete a ser sabio;
comienza. Quien posterga la hora de vivir rectamente,
como el rústico espera a que desagüe el río: pero éste
se desliza y se deslizará turbulento por siempre.

Horacio dialoga, acaso, con aquella famosa declaración socrática, de que el más sabio de los hombres es quien admite su ignorancia. Horacio dice: sapere aude, ‘atrévete a saber’ o ‘atrévete a ser sabio’. Sapere es ‘tener buen juicio’, ‘ser sensato’, ‘ser sabio’. Lo que cuenta es no entregarse a la insensatez, que tiene siempre mejor prensa que su contraria. Ya no se trata sólo de disfrutar el día que huye, sino de aprovecharlo para hacernos mejores. Siempre habrá un pretexto para dejarlo pasar: el río correrá siempre, siempre estará allí el obstáculo…

Yo leo estos versos y pienso, sin poder evitarlo: ¡cómo me conocía Horacio!


*Artículo publicado en El Trujamán. Revista diaria de traducción. Centro Virtual Cervantes

** "No estoy obligado a jurar por las palabras de maestro alguno; a cualquier parte donde el tiempo me arrastra, allí me quedo como invitado".

*** "Intento someter las cosas a mí, y no a mí mismo a las cosas".

martes, 3 de febrero de 2026

El brasero

 Entretenimiento artificial (2)


A propósito de mi publicación anterior ( El Recibo de la Honra ).  Me he quedado con las ganas de ahondar un poco en la historia de Candelaria y su familia. Por eso, le he pedido a Gemini que escribiera una escena en la que estuvieran presentes la propia Candelaria y su hermano, el tío Julián.

Le he dado las siguientes instrucciones:

"Continuando con nuestra pequeña pieza teatral, me parece interesante incluir una primera escena en la que estén el tío Julián y su hermana, tal vez en la casa donde conviven. Están conversando tranquilamente, no sé si de pie o sentados o haciendo alguna faena. Y tampoco estoy seguro de que la conversación gire en torno al cotilleo del pueblo, tal vez podría ser en principio banal, con alguna pincelada del cotilleo, o bien de la actitud del hijo de Candelaria".

Esto es lo que me propone:

La Chiquita Piconera, de Julio Romero de Torres

ESCENA I: El brasero

(Cocina de una casa de pueblo, finales de otoño. La luz es cálida, de atardecer. Hay un brasero debajo de la mesa camilla. JULIÁN (65 años) está sentado pelando una manzana con una navaja, con parsimonia. CANDELARIA (CG, 62 años) está remendando un calcetín grueso o doblando ropa limpia. Hay un silencio cómodo, de años de confianza.)

JULIÁN: (Ofreciendo un gajo de manzana en la punta de la navaja) Toma, Cande. Esta ha salido dulce. De las de la huerta de arriba.

CANDELARIA: (Acepta el trozo y sonríe) Luego te haré un poco de compota para la cena, que te asienta mejor el cuerpo antes de dormir.

JULIÁN: (Se asoma por la ventana discretamente) El hijo de la Tomasa ha pasado tres veces por delante de la puerta en lo que va de tarde. No lleva recado, solo estira el cuello como un pavo.

CANDELARIA: (Sin darle importancia) Que mire. Si tiene el cuello largo, que lo aproveche. A esa gente le pica que esta casa no huela a muerto. Quería que estuviéramos los dos de luto eterno, cada uno en una esquina, pasando frío por respeto a los que ya no están.

JULIÁN: Tu hijo Antonio pasó ayer por el taller. Ni me miró. Le dije "buenos días, sobrino" y presionó el paso como si le persiguiera el demonio. Le pesa la lengua de la gente, Candelaria.

CANDELARIA: (Suspira, dejando la costura un momento) A Antonio le pesa todo lo que no sea dinero o prestigio. No entiende que a nuestra edad, Julián, el único pecado es la soledad. Me pregunta que "qué hacemos aquí metidos". Y yo le digo: "Vivir, Antonio. Simplemente vivir". Pero él solo ve sombras donde hay compañía.

JULIÁN: (Bromeando suavemente) A lo mejor es que te tengo muy consentida.

CANDELARIA: (Ríe levemente) A lo mejor. Pero mira, las sábanas huelen a limpio y hay lumbre. Que digan lo que quieran en la sacristía. Mientras no nos falte el respeto entre nosotros... (Se queda pensativa mirando el brasero). A veces me da escalofrío el silencio de la calle, Julián. Como si estuvieran todos esperando a que cometamos un error.

JULIÁN: (Pone su mano arrugada sobre la de ella) Que esperen sentados. Mañana es día de mercado. Iremos juntos, a paso lento. Que veamos que no nos esconderemos.

CANDELARIA: (Asiente, reconfortada) Sí. Vamos juntos. Anda, pelame otro trozo de esa manzana.

(Se quedan los dos en silencio, compartiendo la fruta mientras la luz del sol termina de caer. Es una estampa de paz absoluta, ignorantes de que la denuncia ya ha sido entregada a la Junta.)

OSCURIDAD.


Hasta aquí. ¡Qué divertido es esto! Tú planificas la historia y la IA te la escribe. Estoy pensando en añadir alguna escena más. Tal vez una con el hijo de Candelaria, que lo humanice un poco, pero habrá que afinar con la IA. Se admiten sugerencias.


* La fotografía es el cuadro de Julio Romero de Torres, La Chiquita Piconera .

Oráculo manual y arte de prudencia

Del 

Oráculo manual y arte de prudencia


de Baltasar Gracián, publicado en 1647



101. La mitad del mundo se está riendo de la otra mitad, con necedad de todos. O todo es bueno, o todo es malo, según votos. Lo que éste sigue, el otro persigue. Insufrible necio el que quiere regular todo objeto por su concepto. No dependen las perfecciones de un solo agrado: tantos son los gustos como los rostros, y tan varios. No hay defecto sin afecto, ni se ha de desconfiar porque no agraden las cosas a algunos, que no faltarán otros que las aprecien; ni aun el aplauso de estos le sea materia al desvanecimiento, que otros lo condenarán. La norma de la verdadera satisfacción es la aprobación de los varones de reputación, y que tienen voto en aquel orden de cosas. No se vive de un voto solo, ni de un uso, ni de un siglo.

🙝🙟


..."tantos son los gustos como los rostros, y tan varios".

Hermanos, este aforismo me ha dado qué pensar ... y ¡lo que queda! 
Ahí lo dejo.

Gesus


jueves, 29 de enero de 2026

Cambiando de tema. Cine. Hamnet

 Cambiando de tema

Cine. Hamnet

Estrenada en España el pasado día 19, esta película, basada en el libro homónimo de Maggie O´Farrell, ha obtenido dos Globos de Oro (mejor película dramática y mejor actriz protagonista) y tiene ocho nominaciones al Oscar. En Wikipedia podéis encontrar toda la información sobre ella.


Dice Carlos Boyero, el crítico de cine, que la película le ha dejado indiferente, "ni frío ni calor". Leí su critica en el periódico El País antes de ir a verla el pasado martes con mi hijo. Tal vez por eso no tenía grandes expectativas. ¡Aunque para fiarse del Boyero! Es muy difícil que alguna película de hoy le termine de gustar, le aburren. No todas, claro, pero suele ir a contracorriente a menudo. De vez en cuando leo alguna de sus críticas: confieso que cuando se cruzan conmigo me apetece leerlas, sé que me va a dar una visión diferente, muy personal. Boyero no esconde su naturaleza, escribe con sus tripas colmadas de cine... y también de alguna siestecilla en el patio de butacas.

Pues a mí no me ha dejado indiferente. Es más, he disfrutado mucho (iba a decir como un enano, mil perdones), a pesar de que es una película dramática, casi trágica. Yo no había leído el libro de O´Farrell, aunque sí lo había regalado. Por qué Hamnet y no Hamlet, me preguntaba. Busqué por ahí (es decir, en Internet) y encontré que es el mismo nombre. ¡Vaya! Sin embargo, el libro de O´Farrell se titula Hamnet y la obra de Shakespeare, Hamlet, así que tenía cierta curiosidad por saber a qué se debía. Hamnet es uno de los dos hijos gemelos de William y de Agnes (habían tenido antes otra hija), es decir, de Shakespeare y de su mujer. La película transcurre desde que William conoce a Agnes y se casa con ella, hasta la representación teatral de Hamlet, cuatro años después de la muerte de Hamnet, cuando tenía sólo once años.

La película está bien ambientada en la Inglaterra de finales del siglo XVI, en una pequeña aldea aledaña a un frondoso bosque, que de alguna manera representa la conexión de Agnes con la naturaleza y sus misterios. Agnes es un verso suelto, enredada en los cánones sociales de su tiempo. La actriz representa un papel cargado de expresividad, muy bien captado por la cámara con unos primeros planos excelsos, algunos muy largos que aguanta sin pestañear. Esto no quiere decir que la película no tenga ritmo, al contrario, en todo momento mantiene la tensión dramática.

La escena final, con la representación de Hamlet en un teatro de Londres, a la que asiste Agnes con su hermano, es emocionante. Tuve que sacar un kleenex para secarme las lágrimas.

'Sapere aude: incipe'... (¡pero ya!, y deja de ser 'addictus')

Lunes, 29 de mayo de 2017 Sapere aude* Por Alejandro Bekes Horacio afirma, en la primera de sus  Epístolas , que no está dispuesto a jurar p...